¿Hasta qué punto importa el estilo?
Todo proceso busca un resultado positivo. Bajo esta premisa, existe la filosofía que apela a la famosa frase citada por Maquiavelo: “el fin justifica los medios”; donde mientras dicho resultado sea favorable, no hay que criticar el camino hacia él. Sin embargo, esta creencia encuentra oposición en aquel conjunto que defiende a capa y espada que solamente si el proceso es lo más brillante posible, se podrá saborear el verdadero éxito en ese resultado positivo.
Esta condición afecta de lleno, y mucho, al fútbol. Es más, en este deporte quizás sea donde más se acentúe, ya que se puede decir que esto genera un debate constante.
A nadie se le escapa que el objetivo máximo de la competición es la victoria. Ganar, suma; jugar bien, en términos estrictos, no. Sin embargo, tu forma de actuar en el campo, es decir, tu estilo, puede ayudar a que se consiga esa ansiada victoria mucho más fácil, o que se convierta en un triunfo más atractivo. Pero, ¿qué estilo es el correcto? He aquí, la gran cuestión.
A medida que el tiempo avanza, el fútbol es cada vez más técnico y táctico. Pero la fuerza y el pundonor siguen manteniéndose erguidos y fiables. Tal escenario deriva en multitud de variantes puestas en práctica sobre el césped. No obstante, si todas ellas llevan a ganar, ¿quién se atreve a asegurar que una es mejor que otra? Yo, desde luego, no.
Sí es cierto que no todas las formas de jugar tienen la misma vistosidad y aportan igual espectáculo, pero ganar de un modo u otro no te da puntos extra reales.
Podemos seguir debatiendo, y lo haremos, aunque será por el mero placer de rebatir ideas y creencias, ya que lo puramente cierto es que los estilos sin triunfo final no llenan las páginas de la historia.
Imagen vía: EFE
Autor: Carlos Garrido Marqueño
