¡Agur León!
Aún no lo he asimilado, sinceramente. No voy a mentir, ha sido difícil de encajar. Quizás porque me resistía a pensar que algún día dejarías de deleitarnos con tu buen hacer sobre el verde. Era increíble verte luchar, pujar cada pelota y, en especial, morder la meta rival.
Sin embargo, tu cadera, esa que te ha ayudado a impulsarte tantas y tantas veces por encima de los defensas rivales para conectar un cabezazo imparable, ha dicho basta. Nos privará de seguir disfrutando de un delantero como pocos. Un ariete clásico a la vez que contemporáneo. Un jugador capaz de adaptarse de forma sutil y estratégica a todos los contextos habidos y por haber, permaneciendo estoico al paso del tiempo.
Todos queríamos tener un Aduriz en nuestro equipo, y eso es algo de lo que pocos futbolistas pueden presumir. Esa circunstancia es propia de unos cuantos privilegiados, y tú eres uno de ellos. Al igual que lo somos nosotros por haber sido testigo de tus hazañas, la última, sin ir más lejos, ante el Barça y de chilena.
Te marchas dejando tras de ti un reguero de goles, concretamente 219, y unas cuantas asistencias, 63; a lo que hay que añadir un recuerdo imborrable en todos y cada uno de los clubes que has defendido, donde hay que destacar a tu querido Athletic de Bilbao.
Tu rugido se apaga, pero tu huella es imborrable. ¡Agur, León!
